1. Solo se necesita de una persona, pero puede agregársele el número de individuos que se requieran según sea el caso.
2. Despierta en ti una sensibilidad extraordinaria: descubres puntos en tu cuerpo (y en el de los demás) que nunca antes te habías imaginado que existían.
3. Desarrollas cierta tendencia masoquista: por más que duela quieres más.
4. Conforme prácticas, vas adquiriendo experiencia y esa experiencia puede ser transmitida.
5. Puedes pasar horas haciendo lo mismo y no te aburrirás.
6. Una vez que sabes lo básico puedes crear figuras infinitas, que podrás compartir con los demás o dejarlas para el goce propio.
7. La excitación siempre será igual o mayor a la primera vez.
8. Puedes involucrar al corazón o dejar la actividad como medio de diversión.
9. Formas un lazo muy especial con los demás ejecutantes
10. Si no cuidas este vínculo, la relación puede ponerse amarga y agresiva.
Nota: Todos comenzamos queriendo follar a la danza, es decir bailar de manera impersonal, únicamente por el placer que provoca, buscando satisfacer la curiosidad. Al final (igual que en el sexo) terminas involucrando todo el corazón, sabiendo que comes, vives, duermes, respiras, lloras por estar ahí, rodeado de esa (s) perdona (s). Descubres que el amor no puede ser excluido, amor por tus compañeros, amor a la danza, amor al sexo, amor a ti mismo.